Anoche tuve una pesadilla en dos partes. En la primera parte, estaba viendo una especie de reportaje. Salían tres niños y niñas de pie, cada uno con una especie de monstruito en forma de tortuga gigante subido a su pecho y atacando con sus patas. Los niños, mientras, los acariciaban. Finalmente, los monstruitos dejaban en paz a los niños, y entonces se nos enseñaba en qué estado habían quedado; a la niña le habían comido buena parte de la cara.
La narradora del reportaje explicaba que los niños se habían defendido del ataque correctamente: acariciando a los monstruitos hasta que entendiesen que no querían hacerles daño, porque si no les hubiesen matado (o se los hubiesen comido vivos, no sé).
En la segunda parte de la pesadilla, yo estaba en la típica casa gigante donde por algún motivo siempre acabo en mis sueños sin venir a cuento de nada. Estaba con un grupo de gente y por algún motivo teníamos que desplazarnos a otra habitación, pero para eso teníamos que pasar por un pasillo donde estaban los monstruitos en forma de tortuga. Yo decía que ni hablar, que me daba miedo, y alguien me decía que no pasaba nada, que sólo había que acariciarlos hasta que te dejasen en paz (o hasta que dejasen de comerte vivo, digo yo).
Por suerte, en ese momento me desperté muerto de miedo y no llegué a pasar por el pasillo. Eso sí, estuve un rato sufriendo antes de volverme a dormir, convencido de que había uno de esos monstruitos debajo de mi cama.
Para mí lo más horrible del sueño no son los monstruos, sino la manera en que todo el mundo reaccionaba a ellos menos yo. Tanto para los niños, como para la reportera, como para la gente que estaba conmigo en aquella casa, no sólo era lo más normal del mundo que hubiese unos monstruitos que de vez en cuando les daba por empezar a comerte vivo, sino que además todo el mundo aceptaba que simplemente había que acariciarlos con cariño y paciencia hasta que te dejasen en paz.
Creo que sé el porqué de este sueño. Tengo un cerebro de lo más retorcido a la hora de soñar y adoctrinarme. No le basta con hacer una pequeña moraleja, o incluso con hacerme revivir experiencias desagradables, no: el señorito tiene que hacerme soñar con tortugas mutantes asesinas que canalizan sus inseguridades comiéndote vivo.







