El domingo por la mañana, mientras limpiaba mis gafas, se salió un tornillo pequeño pero que aguanta uno de los cristales donde tiene que estar. Ya sospechaba que algo pasaba, porque ya me había quedado una vez con el cristal en la mano, pero pensaba esperar a volver a España por vacaciones (llego mañana) para llevarlas a la óptica.
Bajé a ver si Jackie tenía un destornillador del tamaño adecuado, pero nada. Su hija, que está de visita, me ofreció sus lentillas desechables, pero la graduación no era la adecuada y tampoco sé si hubiese aceptado la oferta. Así que tuve que ponerme mis gafas de repuesto, las que usaba antes, que no me gustan nada. Cuando las llevo puestas no están tan mal, pero en las fotos no me gusto nada con ellas.
Todo esto me llevó a plantearme lo que significa llevar gafas. Creo que empecé a llevar gafas en primero de ESO, es decir, cuando tenía 12 años. Durante muchos años lo odiaba. De hecho, creo que no fue hasta mi primer año en la universidad que empecé a ponérmelas siempre. Antes las llevaba en su funda en la mochila y sólo me las ponía para ver la pizarra o para ir al cine. Y más de una vez me las dejé en casa.
Finalmente llegué a la conclusión de que no podía ir por la vida sin ver el número del autobús hasta que lo tuviera delante o sin poder leer nada que estuviera mínimamente lejos, y me acostumbré a ponérmelas todo el día. Creo que durante una época me las quitaba al llegar a casa, porque ahí no las necesitaba realmente, pero al final me acostumbré a llevarlas siempre. Ahora me las quito sólo para leer, porque entonces me molestan.
Eso sí: incluso cuando me había acostumbrado a llevar las gafas siempre puestas, durante una buena temporada me las seguí quitando para las fotos, porque una cosa era resignarse a que sin gafas no veía y otra aceptar no gustarme en las fotos. No estaba del todo cómodo, porque luego me veía en las fotos y era consciente de que yo no era así, que a mi cara le faltaba algo sin las gafas, pero cuando me las dejaba puestas luego las fotos me gustaban incluso menos. Pero esto también lo acabé superando.
Pero hay gente que no lo supera. He visto a gente mayor de 50 años quitarse las gafas para las fotos. ¿A esa edad y todavía no lo han aceptado? ¿No se dan cuenta de que luego en las fotos no salen como la gente las ve y las quiere recordar? Es como si una chica llevase relleno para las tetas en el bolso y lo sacase para hacerse fotos, o como si yo me pusiera un corsé a la que alguien saca la cámara. Llega un momento, para los que siempre llevamos gafas, en que éstas forman parte de nuestra cara, y estamos “raros” sin ellas. Y tampoco es para tanto tener que llevarlas, con la de modelos que hay para elegir (a no ser que tu cerebro ocupe tanto espacio como el mío, porque muchas marcas se empeñan en hacer varillas de tamaño único, pero incluso en ese caso el truco está en probar en otra óptica y llevarse el dinero a otra parte).
Y si no te gusta llevar gafas, para eso están las lentillas. Yo personalmente ni me planteo llevar lentillas, porque me pongo nervioso sólo de pensar en meterme una cosa en el ojo cada mañana, pero la gente dice que te acabas acostumbrando. Pero yo pienso que lo de “para estar guap@ hay que sufrir” es una gilipollez, y si tengo que elegir entre llevar gafas o ponerme y quitarme cosas del ojo cada día (o aún peor, operarme), me quedo con las gafas, que las que tengo ahora mismo me encantan.
Al final ayer martes me pasé por una óptica de Wakefield y me las arreglaron. La dependienta me preguntó si me las habían hecho ellos. Contesté que no, y me dijo: “Bueno, yo te las arreglo, pero si luego pasa algo es tu responsabilidad”. ¿Acaso las gafas explotan por cambiarles un tornillito? Supongo que es lo que le hacen decir siempre para ahorrarse problemas, pero no deja de tener su gracia.







