No, si al final esto se va a convertir en un blog de cocina…
Hoy no sabía qué cenar. Tenía tres trozos de pollo por un lado, una bolsa de lechuga con las horas contadas en la nevera, ganas de comer algo diferente, y… ¡Tachán! Se me ha ocurrido hacer ensalada de pollo, algo que mis padres hacen/hacían (?) al menos una vez al mes en Barcelona.
No es algo muy complicado de preparar, y además se tarda lo mismo en hacer un triste plato de pollo frito que en aprovechar el tiempo y hacer también pasta y cortar cuatro cosas al mismo tiempo, así que dicho y hecho…
Éstos han sido los ingredientes. No es la receta que siguen mis padres, pues lo he hecho medio de memoria, medio improvisando con lo que iba encontrando en la nevera…

De izquierda a derecha y de arriba a abajo:
- Lechuga
- Tomate, queso, pepino y cebolla
- Pasta en forma de lacitos
- Pollo con hierbas variadas y algo de pimienta
Lo dicho, improvisación total.
Éste ha sido el resultado antes de añadir la mayonesa y remover:

Al principio he estado dudando entre añadir mayonesa o salsa césar. Barbara opinaba que era mejor poner salsa césar, pero al final me he decantado por la mayonesa, y creo que ha sido un acierto.
Las siguientes fotos son cortesía de Barbara. La primera ha salido movida, pero me gusta porque salgo con los ojos cerrados y queda más auténtico:

Ésta es mona también, y se ve el resultado (más o menos) una vez he añadido la mayonesa y removido:

Total, que estaba muy bueno el invento. Aunque me he dado cuenta de que el queso sobraba (yo es que le pondría queso hasta al café), y hablando luego con mi madre por teléfono me ha dicho que en casa tampoco ponemos pepino ni cebolla (¿cómo se me ha ocurrido?) y que sin embargo no le he puesto zanahoria (porque no tengo). Ya decía yo que sabía bastante diferente… Para la próxima vez, ya lo sé, y oye, tampoco está mal que experimente.
Ah, esto es sólo PARTE de lo que he tenido que limpiar después… El lado oscuro de la cocina:

Christin siempre me dice: “You’re so cute” (“Eres tan mono”), entre otras cosas por mi inexperiencia cocinando, planchando y haciendo cosas por el estilo. El otro día vino de visita cuando yo estaba planchando camisas. Barbara me dijo: “Samuel, te he dicho que empieces por la espalda”, y yo: “Si ya la he hecho…”. Y hoy Barbara se ha puesto a reír recordando cuando fui corriendo a buscarla a su habitación porque estaba haciendo pasta y la olla había empezado a echar espuma blanca.
Pero poco a poco voy aprendiendo. Además, no tengo vergüenza alguna a la hora de reconocer mi inexperiencia… Si el primero que se ríe de mí soy yo.