No me puedo permitir ser ignorante

Aventuras y desventuras en la “ciudad” más aburrida del mundo

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    Samuel. 23 años. Nacido en Barcelona. Licenciado en Filología Inglesa. Viajero. Actualmente vivo en el norte de Inglaterra.
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Miro la vida pasar

Publicado por Samuel en 2008.03.12

Marta me escribió hace unos días preguntándome que por qué no actualizaba el blog, porque le hacía pensar que algo malo pasaba. Además, añadió que el blog refleja muy bien como me siento en cada momento.

Si no he actualizado en estas últimas semanas ha sido por pereza pura. Ni siquiera es porque no tenga nada que contar, porque de hecho se me han acumulado demasiadas cosas para una sola entrada. Estas últimas semanas he pasado algunos de mis mejores momentos en Inglaterra. No es ése el problema. Realmente no sé cuál es, porque a mí me gusta escribir, especialmente cuando tengo cosas que contar. Creo que simplemente estoy un poco atontado. Estoy convencido de que si no tuviera tiempo para escribir escribiría mucho más, aunque parezca contradictorio.

¿Por dónde empiezo?

Últimamente he salido mucho con españoles. Una de mis estrategias para superar el aburrimiento de mi situación en Inglaterra fue apuntarme a un curso de formación de profesores de español. El resultado, claro, es que he conocido a muchos españoles.

Cuando llegué aquí me dije que no quería saber nada de españoles. Que para relacionarme con ellos me quedaba en Barcelona. Luego me di cuenta de que fue un error, y de que me había cerrado puertas a mí mismo. Claro que no hay que encerrarse en guetos, que es uno de los peligros que se corren cuando sales al extranjero y sólo te relacionas con gente de tu país, pero eso tampoco significa que tengas que evitar a un grupo de gente por sistema, especialmente cuando son los tuyos.

En fin, el caso es que he sabido darme cuenta y solucionarlo a tiempo. He conocido gente con la que salir a cenar, o a tomar algo, o las dos cosas… Y no sabéis cómo lo echaba de menos.

Cambiando de tema, tenía a medio escribir una entrada sobre las cosas positivas de vivir en Inglaterra, para contrarrestar todo lo que me había quejado durante mis primeros meses. No sé si llegaré a acabarla y publicarla, pero de momento diré una cosa: he aprendido muchísimo sobre mí mismo desde septiembre. He aprendido mucho sobre cómo soy realmente, sobre cómo me relaciono realmente con los demás y sobre lo que quiero en la vida realmente, valga la redundancia del ‘realmente’, pero es que es importante.

Una de las cosas más importantes que he aprendido es que tengo que tomarme las cosas con más calma. Que no puedo pasarme la vida haciendo planes de futuro ni tampoco puedo hacerme una agenda de aquí hasta que cumpla los treinta. Que tengo que vivir cada momento y sí, de acuerdo, tener una idea general de adónde voy y cómo pienso llegar, pero sin invertir más tiempo pensando en lo que haré que saboreando lo que tengo ahora. Y que no tengo que tener prisa por hacer las cosas. Que me queda mucha vida por delante y si lo hago todo en los próximos diez años luego me quedaré sin ideas.

Por otro lado, también he aprendido que si no estoy ocupado no sólo me aburro, sino que no aprovecho el tiempo, porque no sé administrármelo cuando no tengo cierta rutina y ciertas obligaciones. Esto parece contradecir el punto anterior, pero no es así. Se trata de que haga todo lo que quiero hacer y aproveche el tiempo, pero sin prisas por hacerlo todo ya. Que si tengo un trabajo de lo mío, estoy estudiando un idioma y además estoy haciendo un curso de algo que me gusta, tendría que ser más que feliz y no pensar en todos los idiomas que no estoy estudiando ni en todos los cursos que no estoy haciendo.

Y eso es lo que pienso probar a hacer el curso que viene: trabajar de profesor de español y/o inglés, estudiar uno o dos idiomas y hacer un curso de algo, posiblemente de fotografía, para mantenerme ocupado y entretenido a la vez. Pero si de lunes a viernes hay cinco tardes, eso no significa que tenga que hacer cinco idiomas y cinco cursos: tengo que dejar tiempo para hacer deberes, proyectos o lo que toque en cada momento. El curso pasado me lo pasaba pipa dedicando horas a hacer los deberes de japonés: pasaba más tiempo con el japonés en la biblioteca que en clase. Eso es lo que tengo que intentar recuperar, pero a poder ser sin el estrés que llevaba el curso pasado que al final me obligó a dejar precisamente lo que más estaba disfrutando en aquel momento.

Y también quiero un pony y la paz mundial.

Una respuesta para “Miro la vida pasar”

  1. Marta escribió

    Supongo que sabes por qué no se permite a adultos montar los ponis del zoo… peligro de aplastamiento! Mejor desea tener un purasangre, que es mas bonito y puede con más peso que el de un niño pequeño.

    Si que parece que estás animado cuando escribes en tu blog… Me alegro!! A ver si nos vemos después de Semana Santa, si aún estas en Barcelona y si me quedan fuerzas después de que mis suegros me expriman como un limón todas las vacaciones.

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