Ayer pasé el día en Manchester, ciudad donde siempre acabo por un motivo u otro. El trimestre pasado estuve en octubre por las primeras jornadas para auxiliares de conversación de español, a principios de noviembre por la feria de programas de postgrado, y a finales del mismo mes por el TOEFL. Ayer fue para registrarme en el consulado español para poder votar en las elecciones generales en marzo. A principios de febrero volveré para un concierto de Darren Hayes, y a finales del mismo mes para las segundas jornadas para auxiliares.
Todo esto sin olvidar que mi intención es hacer un máster en la Universidad de Manchester. Ayer me di cuenta de que la miraba con otros ojos, en plan: “Así que éste es mi futuro hogar”. No me importó que lloviese, como todas las veces que he ido: es una ciudad preciosa, a su manera. Ni punto de comparación con Wakefield, donde estoy ahora. Además, hay mil cosas que hacer, que es lo que yo necesito.
Por supuesto, puesto que la visita al consulado fue corta, aproveché para hacer un par de cosas más. Primero fui a un museo de exposiciones temporales llamado Urbis. Visité dos: una con trabajos de recién graduados de la Universidad Metropolitana de Manchester y de la Universidad de Salford, y otra sobre publicidad. En ambas había cosas interesantes. En la primera exposición había sobre todo trabajos de estudiantes de Arte, Arquitectura, Multimedia y esas cosas. En la exposición de publicidad hacían un repaso de algunas de las campañas más impactantes. A mí la imagen que más me llamó la atención fue ésta:
A primera vista puede parecer un tío con la cara pintada gritando, pero detrás de esta foto hay todo un mundo de códigos y de controversias. Para empezar, este chico es Wayne Rooney, jugador del Manchester United y aparentemente uno de los mejores jugadores del mundo. Que esté pintado de blanco con una cruz roja encima no es casualidad: es la bandera inglesa, que no la británica. Eso es todo lo que yo pude ver antes de leer el texto que acompañaba a la imagen y pensé que era una pedazo de foto muy bien encontrada. Me gustó que hubiesen cogido el gesto de un futbolista al celebrar un gol y se hubiesen dado cuenta de que era perfecto para poner la bandera inglesa encima. Independientemente de lo poco que me gusta cualquier nacionalismo, a nivel artístico me encantó. (También ayuda que cuando no es tu país te puedes tomar las cosas con más distancia.)
Entonces leí el texto que acompañaba a la imagen y descubrí que esta campaña había levantado pasiones y más de una controversia. Para empezar, ésta era una campaña sólo para Inglaterra, excluyendo al resto de Gran Bretaña, por razones obvias. El hecho de que el futbolista lleve la cara pintada recuerda a los hooligans; desafortunadamente para Nike y para Rooney, la campaña coincidió con una ola de hooliganismo bastante violenta, creo que con una de las que ha habido en Italia recientemente. Además, el color rojo y el hecho de que la pintura esté mojada hace que parezca sangre. Por no olvidar que la cruz, por mucho que se tuviese que interpretar como la Cruz de San Jorge, hubo quien la interpretó como una referencia a Jesucristo y concluyó que Rooney se había endiosado. El texto explicaba todo esto mejor que yo, pero esto es lo que yo retuve.
Personalmente, me quedo con mi primera impresión de la imagen. A veces es mejor no dar tantas vueltas a las cosas. Y sí, tiene delito que esto lo diga yo precisamente.
A la salida del museo estuve sacando fotos en Exchange Square. He subido estas dos a mi blog de fotografía:


También visité Cornerhouse, pero las exposiciones eran demasiado raras hasta para mí y no las entendí muy bien. Eso sí, en la tienda compré un libro muy raro por 50 céntimos que aún me tengo que mirar, una revista sobre cine independiente y un cómic.








