Manchester es una ciudad gris. Tal vez no sea justo decir esto, porque Inglaterra en sí es un país gris, con amenaza de lluvia permanente, pero Manchester lo es más. Aunque no está muy lejos de Wakefield (se tarda apenas una hora en tren desde Leeds), en Manchester, por su situación, llueve más que aquí, como ya me ha informado más de una persona.
Lo cierto es que las dos veces que he estado, nada más bajarme del tren y empezar a caminar, me ha parecido una ciudad gris. La primera vez que estuve, hace algo más de un mes, acabó por salir el sol unas horas más tarde; pero ayer, aunque creo que en ningún momento llegó a llover mientras estuve allí, hizo un día muy gris.
Aparte del color gris, también relaciono Manchester con este tipo de edificio rojo de un estilo que no sabría describir. Hay varios así por el centro de la ciudad, aunque no sé si yo sabré menos de arquitectura de lo que ya pienso y resulta que lo único que tienen en común es el rojo:

El caso es que el curso que viene quiero hacer un máster llamado Gender, Sexuality and Culture en la Universidad de Manchester, así que ayer asistí en dicha ciudad a The Postgraduate Study Fair (una especie de Saló de l’Ensenyament de Barcelona, pero sólo para programas de postgrado). Me fue muy bien para poner las cosas en perspectiva.
En el stand de la Universidad de Manchester no me supieron resolver todas mis dudas, pero al menos me dijeron con quién tenía que ponerme en contacto, que ya es mucho, porque nunca estoy seguro de a quién escribir.
Lo mejor fueron las charlas que dieron durante el día. Hubo charlas sobre varios temas, como por qué hacer un máster o cómo financiarlo. Esta última es la parte que más me preocupa, y viendo la asistencia en relación al resto de charlas, creo que no estoy solo.
Durante las charlas nos estuvieron machacando una y otra vez los motivos por los que hay que hacer un máster y los motivos por los que no hay que hacerlo. Me hizo plantearme por qué quiero hacer esto a pesar del gasto económico. Varias de las personas que hablaron nos recordaron que no hay que hacerlo porque sí, que es caro y difícil, que hay que tener muy claro el objetivo, etc.
Porque resulta que yo no quiero hacer un máster sobre género y cultura para avanzar profesionalmente, sino simplemente porque me interesa enormemente a nivel personal. Yo tengo muy claro que no he venido a este mundo a vivir para trabajar, sino a trabajar para poder permitirme hacer las cosas que me gustan, y si tengo que elegir entre un trabajo aburrido pero bien pagado y un trabajo que da menos dinero pero me permite hacer lo que yo quiero, no tengo ni que planteármelo.
Total, que me alegré mucho cuando uno de los conferenciantes dijo, finalmente, que vale, no hay que hacer un máster si no se tiene un objetivo profesional en mente, a no ser que te apasione el tema y te dé exactamente igual no hacerte rico. Puede parecer una tontería, pero después de pasarme un día escuchando cómo desconocidos me recomendaban no hacer un máster si no me ayudará a avanzar profesionalmente, fue todo un alivio e incluso una fuente de inspiración. Salí de allí convencido de que tengo que hacer este máster.
Ahora sólo me falta descubrir cómo pagármelo. Durante el día descubrí varias cosas al respecto. Por ejemplo, que conseguir una beca está muy difícil (no me digas), sobre todo para los estudiantes internacionales (jamás lo hubiera imaginado), y que al menos el 60% (!) de los estudiantes de postgrado estudian a tiempo parcial porque han de trabajar al mismo tiempo. También nos dijeron que muchos estudiantes, en vez de conseguir una de las pocas becas que lo cubren todo, se montan ellos su propia “beca” entre una combinación de ahorros, pequeñas becas, préstamos, trabajos de media jornada, etc.
Yo tengo dos opciones: ahorrar lo que pueda entre este curso y el verano que viene y entonces hacer el máster a media jornada y trabajar a la vez, o bien volver a Barcelona uno o dos años, ahorrar todo lo que pueda mientras aprovecho para estudiar idiomas, y entonces volver. La cosa está muy clara. Ahora sólo queda tomar una decisión. ¿Fácil? ¡Ja!
Entre charla y charla me dio tiempo a pasear un poco por Manchester. Hice algunas fotos con la cámara compacta:

Una especie de mercado de Navidad. No sé si os he contado que en Inglaterra la Navidad empieza a calentar motores en septiembre y una vez pasado Halloween ya se pone del todo en marcha… Desde que he llegado que tengo la sensación de que ya es Navidad.

No, no es el Big Ben.